Hoy me quiero detener en uno de los recursos que más enfatizo en mis talleres: el uso del detalle concreto, lo preciso frente a lo genérico. No es un tema que suela tratarse mucho en libros de escritura y sin embargo a mí me parece fundamental. Trabajar bien los detalles concretos de un texto es como darle el toque final con una varita mágica, haciendo que brillen y que rebosen personalidad y realismo.

El detalle concreto: la varita mágica de la escritura – con Anne TylerAprovecho, además, para ejemplificar el uso  de este recurso con los textos de la magnífica escritora Anne Tyler.

Antes de entrar en materia, os comento brevemente que Anne Tyler  es una escritora estadounidense, autora de más cerca de 20 novelas y varios libros de relatos, entre los que destacan «Ejercicios Respiratorios» (ganadora del Pulitzer en 1989) y «El turista accidental», finalista del Pulitzer y llevada al cine en los años 80.

Es una de mis escritoras favoritas, suelo leer siempre textos suyos en mis talleres. Presentada nuestra autora estrella de hoy, vamos allá con el tema que nos ocupa:

El recurso del detalle concreto: la varita mágica para dar credibilidad

Como profesora de escritura durante más de 15 años, como os imaginaréis, he leído cientos y cientos de trabajos de escritores que están empezando. Y uno de los rasgos que comparten la gran mayoría de ellos es narrar con rasgos genéricos, o incluso abstractos.

Os recuerdo rápidamente algunos conceptos que voy a utilizar y que seguro que conocéis:

Abstracto (que no se ve): Tristeza    vs  Concreto (que se ve o se palpa): Una lágrima, un sollozo, unos ojos humedecidos.

Y ahondando un poco más en los vocablos concretos, encontraremos palabras:

Genéricas: Trabajo  vs  Precisas: Chef, comediante, bibliotecario/a…

¿Qué abunda en los textos de muchos escritores que empiezan? Las frases que contienen palabras abstractas y palabras genéricas, los verbos abstractos y genéricos, los lugares y las horas genéricas.

EJEMPLO

«Él se levantó temprano aquel día, se vistió y tomó un autobús al trabajo»

Muy bien, la frase está bien redactada, claro, pero lo que se nos cuenta nos deja un poco… fríos. No vemos a ese personaje; aunque parece que se nos dicen cosas de él, en realidad, es todo tan general que podría aplicarse a cientos, a miles de personajes.

¿No entraría este personaje perfectamente dentro de la frase anterior?

PERSONAJE 1: «Javier se levantó a las seis de la mañana, se puso su mono azul y tomó el autobús que le dejaba en la fábrica de Wolsvagen, donde trabajaba«

Y ahora otro:

PERSONAJE 2: «Akira se levantó a las 10am, muy temprano para su costumbre. Se vistió el traje de geisha y  tomó el autobús que le dejaría en el teatro Haiku, donde esa noche interpretaba una ópera«

¿No entra acaso este Akira también dentro de la frase «Él se levantó temprano, se vistió y tomó un autobús al trabajo»? Claro que sí. Como otros cientos de personajes más. Al hablar con genéricos, no estamos describiendo a un personaje concreto, palpable, visible, sino sólo un tipo de personaje.

Y el problema es que la vida real no es genérica. Es concreta y precisa. Y cuando hablamos con sustantivos abstractos y genéricos, cuando no damos detalles concretos y precisos que individualicen un personaje, un lugar, una situación… todo resulta menos creíble.

Comprobadlo vosotros mismos/as en vuestra vida diaria. Cuando le contáis a un amigo una anécdota, algo real que os ha sucedido, ¿no está llena de detalles concretos?

¿Suena como esto, tal vez?

«¿Sabes qué me ha pasado hoy? El despertador no ha sonado y me he levantado tardísimo. He cogido el bus y, cuando iba a mitad de camino, me he dado cuenta de que se me había olvidado parte de mi trabajo y he tenido que bajarme e ir a buscarlo porque mi jefe se iba a enfadar»

¿O más bien suena como esto?

«¿Sabes qué me ha pasado hoy? El despertador no ha sonado a las ocho y me he levantado tardísimo, ya eran las nueve y diez, imagínate. He cogido el 32 y, cuando había pasado la plaza de la Constitución, me he dado cuenta de que se me había olvidado el informe de ventas de los últimos tres trimestres y he tenido que bajarme e ir a buscarlo porque Don Raúl, que me la tiene jurada, se iba a enfadar pero bien»

Suena más a lo segundo, ¿verdad? Y así lo intuye todo el mundo cuando cuenta una mentira, ya que suelen embellecerlas con todo tipo de detalles para que suenen a real, ¿o no? ;-)

Efectivamente: dar detalles concretos nos ayuda a imaginar la situación, a visualizarla en nuestra cabeza como si fuera una película. Y, además, individualiza los personajes y las situaciones, haciéndolas más creíbles, más realistas.

Anne Tyler y el detalle concreto elevado al cuadrado

Anne Tyler es una maestra de este recurso. Nada más comienza una novela, vemos al personaje, o la situación, como si fuera alguien o algo que tenemos delante, y que conocemos de toda la vida. Palpable, REAL, detallado. Y no es necesario dar miles de detalles, solo dar unos cuantos y, eso sí, que sean concretos, muy concretos.

Os traigo el comienzo de su primera novela, «Cuesta abajo», escrita en 1969, que me parece una magnífica descripción de un personaje, inmediatamente magnética.

Empieza así:

«A Evie Decker no le interesaba la música. Se notaba hasta en su mismo aspecto -baja y ancha, y pesada de pies-. Escuchaba las marchas sin marcar el ritmo, se le olvidaba la melodía de Barras y Estrellas y se movía torpemente por el gimnasio del instituto a pasos tambaleantes. A mediodía, mientras Evie comía el bocadillo, los chicos de la banda tocaban Dixieland en el rincón de la cafetería. Las agudas notas de metal perforaban el aire por encima de las mesas, surcándolo como flechas. Evie seguía comiendo, una chica regordeta y anodina enfundada en un sueter color marrón al que empezaban a salirle bolitas en los codos. 

Por eso, Violet Hayes (su única amiga) no entendía nada cuando Evie la invitó a un concierto de rock en el Sturdust Movie Theater«.

Este inicio, en lenguaje no concreto (que es el que usan muchos escritores que empiezan) sería algo como:

«A Evie Decker no le interesaba la música. Se notaba hasta en su mismo aspecto . Escuchaba   las canciones sin marcar el ritmo, se le olvidaban las melodías  y se movía torpemente.  Cada día, mientras Evie comía , los chicos de la banda tocaban cerca y Evie seguía comiendo.«

Si eliminamos los lugares concretos, los nombres propios, las horas, los detalles precisos (como el hecho de que comía un bocadillo y no otra cosa), el texto resulta vago y pierde la mitad de su fuerza.

En cambio, toda la prosa de Anne Tyler está impulsada por el motor de los detalles concretos y precisos. Subrayo en el texto todos los que hay:

«A Evie Decker no le interesaba la música. Se notaba hasta en su mismo aspecto -baja y ancha, y pesada de pies-. Escuchaba las marchas sin marcar el ritmo, se le olvidaba la melodía de Barras y Estrellas y se movía torpemente por el gimnasio del instituto a pasos tambaleantes. A mediodía, mientras Evie comía el bocadillo, los chicos de la banda tocaban Dixieland en el rincón de la cafetería. Las agudas notas de metal perforaban el aire por encima de las mesas, surcándolo como flechas. Evie seguía comiendo, una chica regordeta y anodina enfundada en un sueter color marrón al que empezaban a salirle bolitas en los codos. 

Por eso, Violet Hayes (su única amiga) no entendía nada cuando Evie la invitó a un concierto de rock en el Sturdust Movie Theater«

Esos detalles son esenciales: primero porque nos dibujan elementos únicos: un tipo de chica concreto (con poco dinero, porque come un bocadillo y lleva sueters gastados), nada integrada (solo tiene una amiga, come sola) en un instituto con poco presupuesto (la banda ensaya en el rincón de la cafetería).

El escritor principiante hubiera explicado todo eso con afirmaciones como «Evie era una chica impopular que no tenía dinero para comprarse un sueter nuevo o pagarse el menú de la cafetería«. Pero Anne Tyler lo hace como los profesionales: «No explicar, MOSTRAR» y deja, como decía Billy Wilder, «que el lector sume dos y dos» y deduzca todo eso de lo que ve. 

Como hacemos también en la vida real, ¿o acaso tenemos una voz en off que nos explica lo que ocurre? Observamos y deducimos.

Os incluyo dos extractos más de «El turista accidental»:

«Desde luego, las pequeñas pertenencias de Sarah ya no estaban, esas pequeñas cosas, como ropa y joyas. Pero resultó que algunos de los objetos grandes eran más personales de lo que él hubiese podido pensar. Estaba el escritorio de la sala de estar, atestado desordenadamente de sobres rasgados y cartas sin contestar. Estaba la radio de la cocina, sintonizada en Rock 98 (le gustaba estar al día en música para mantener el contacto con sus alumnos, solía decir mientras canturreaba y preparaba el desayuno). En la parte de atrás estaba la tumbona donde se bronceaba, colocada en el único sitio del patio donde daba el sol. Miró los cojines de flores y le maravilló hasta qué punto un espacio vacío podía estar lleno de una persona»

Y el último de «Ejercicios respiratorios»

«Maggie e Ira Moran tenían que ir a un funeral a Deer Lick, Pennsylvania. La amiga de infancia de Maggie acababa de perder a su marido. Deer Lick se hallaba situado junto a una estrecha carretera rural, unas noventa millas al norte de Baltimore, y el funeral estaba previsto para el sábado a las diez y media de la mañana; así que Ira calculó que tendrían que ponerse en marcha alrededor de las ocho. Esto le puso de mal humor. (No pertenecía al tipo de hombre madrugador.)

Además tenían el coche en el taller. Necesitaba muchas reparaciones y lo más pronto que podrían recogerlo era el sábado mismo a primera hora, a las ocho en punto. Ira dijo que sería mejor que no fueran, pero Maggie contestó que tenían que ir. Ella y Serena eran amigas de toda la vida. O de casi toda la vida: cuarenta y dos años, desde el primer curso con la Srta. Kimmel.«

De nuevo, Anne Tyler nos inunda de datos concretos de una casa y de un personaje, gracias a los cuales podemos ver al personaje de manera precisa (como si fuera una película) y entendemos, mejor que con cualquier afirmación, el peso de la ausencia de Sarah en su marido, de quien se acaba de separar. Y esa amistad de Maggie y Serena, que no son «muy amigas» sino «desde hacía 42 años desde el primer curso con la srta Kimmel». Maestría pura. Todo lo entendemos a través de los detalles y lo sentimos como algo que no tiene más remedio que ser real.

He señalado en negrita todos los detalles concretos: teóricamente, no son necesarios para entender la historia de Macon y Sarah, los protagonistas de «El turista accidental», ni para entender la de Maggie y Ira. No son necesarios para la trama principal, pero son necesarios para que esta tenga sabor, realismo, credibilidad. Vida.

Y es que escribir ficción no es como hacer la Declaración de Hacienda: rellene los campos, marque con una X donde sea preciso. No. Escribir es imitación de vida y la vida está llena de pequeñas cosas que, aparentemente, no sirven para nada, pero que la hacen real, palpable… emocionante.

Os propongo un juego:

Mirad ahora mismo a vuestro alrededor y apuntad todos los objetos que tenéis a vuestro alrededor que no sirven para nada, pero que están ahí y forman parte de vuestra habitación y de vosotros.

Yo, por ejemplo, tengo una pequeña jirafa de plástico comprada en Ikea cuando amueblaba mi primer apartamento; un soporte de libros con forma de elefante (con la trompa hacia arriba, por supuesto); una tarjeta que me regalaron unas alumnas y que dice «¡Hoy será un gran día!»; tres tazas, recuerdo de viajes a Alemania y a Praga, donde hay lápices, bolígrafos, pilas, sacapuntas y una grapadora roja que me compré hace dos semanas .

Junto al monitor, además, hay un pequeño guijarro recuerdo del Museo del Louvre que lleva tallado, en lenguaje jeroglífico egipcio, la palabra «sabiduría» y que, durante mucho tiempo, llevé en el bolso junto a otro con la palabra «amor»… hasta que me di cuenta de que no podía llevarlos juntos porque, sencillamente, eran incompatibles :-)

Dejadme un comentario con vuestra lista, ¡me encantará leerla! :-)