Cómo insertar pensamientos de nuestros personajes en el texto narrativo es una de las dudas más comunes de los escritores que empiezan y uno de los errores más habituales que veo en mis talleres literarios. No sólo porque a veces, directamente, están mal expresados, sino, en el caso de escritores con más experiencia, a veces parecen forzados, poco naturales. En especial cuando escribimos en primera persona.

Hay unas cuantas reglas a seguir para expresar bien los pensamientos en narrativa, y un par de trucos para sacarles, incluso, más partido (que pueden venir bien a escritores más avanzados). Vamos a echar mano de unos «amigos» (guiño, guiño) para explicar de forma rápida y sencilla cómo insertar pensamientos de personajes en nuestra narración.

Cómo escribir el pensamiento de los personajes

En tercera persona: insertar pensamientos de forma directa vs indirecta

Empezamos por lo básico: a diferencia del diálogo, que se marca en los países de habla hispana con una raya (–¡Me encanta!–, dijo Rachel), los pensamientos, en su forma directa, irán siempre entre comillas («Me encanta», pensó Rachel).

¿Y qué es eso de la forma directa?

Ahí es donde suele tropezar mucha gente a la hora de escribir pensamientos. Vamos con ello.

Pensamiento directo: cuando hablamos de pensamiento directo nos referimos a la frase exacta que se le pasa al personaje por el cerebro. Algo así como lo que veríamos dentro del bocadillo si nuestra novela fuese un cómic.

Por ejemplo, en el montaje que he hecho arriba de «Friends», Mónica está pensando «Esto no pinta bien para mi equipo»; Chandler está pensando «¡Qué tontería más grande!» y Joey, por supuesto, está pensando: «Quiero un bocadillo». Eso es lo que pasa por sus cerebros, tal cual, palabra a palabra, en ese momento.

El pensamiento directo, en tercera persona, se mostraría entonces con esa frase exacta entrecomillada, así:

«Quiero un bocadillo», pensó Joey.

«¡Qué tontería más grande!», piensa Chandler, mientras sigue mirando, sin poder evitarlo, a su amigo Ross.

«Esto no pinta bien para mi equipo», pensaba Mónica, al borde del ataque de pánico, «y mi equipo siempre gana».

Tanto si nuestra narración está en presente o pasado, el pensamiento directo siempre se muestra igual: las palabras exactas que piensa el personaje entre comillas, y, después, tras una coma, «pensó/pensaba/ piensa… Fulanito». Por supuesto,podrían usarse otros verbos diferentes a «pensar»: reflexionó, dedujo, recordó…

Y ojo, porque en nuestro país, y en los de habla hispana, se prefieren las llamadas comillas latinas o angulares (« ») frente a las comillas inglesas o altas (» «), que son las que suelen venir por defecto en nuestros teclados de ordenador, tablet o móvil. Podéis encontrar estas comillas angulares en el menú de Word (o programas similares): Insertar/ Carácter especial.

Pensamiento Indirecto: cuando narramos un pensamiento de forma indirecta quiere decir que ya no incluimos la frase exacta del personaje, sino que es la voz narradora -normalmente en tercera persona- la que nos dice lo que está pensando el personaje. Pongo un ejemplo:

Pensamiento DIRECTO: Y, durante toda la competición, Joey no podía dejar de pensar: «Quiero un bocadillo»

Pensamiento INDIRECTO:  Y, durante toda la competición, Joey no podía dejar de pensar que quería un bocadillo

Ya no vemos las palabras exactas del personaje, sino que es el narrador el que nos las dice. Por lo tanto:

  • Ya no usamos comillas
  • El pensamiento indirecto ya no está en primera persona (quiero) sino en la persona de la narración, en este caso, tercera persona (él quería)
  • El pensamiento ya no está en presente (quiero), tal como se le pasa a Joey por la cabeza, sino en el tiempo narrativo, en este caso, en pasado (quería)

De hecho, las palabras del pensamiento indirecto podrían no ser exactamente lo que Joey tiene en la cabeza y respetar solo la idea.

Y, durante toda la competición, Joey no podía dejar de pensar en comerse un bocadillo

Pongo dos ejemplos más en otros tiempos narrativos:

PRETÉRITO IMPERFECTO: Mónica pensaba que la cosa no pintaba bien para su equipo. 

Ya no hay comillas, no hay primera persona (mi equipo), sino tercera (su equipo) y no hay presente (pinta) sino pasado (pintaba).

PRESENTE:  Chandler piensa que todo eso es una tontería mientras sigue mirando, sin poder evitarlo, a su amigo Ross.

¿Y las preguntas?

Pensamiento DIRECTO:  «¿Estoy haciendo lo correcto?», pensaba Rachel.

Pensamiento INDIRECTO: Rachel se preguntaba si estaba haciendo lo correcto.

En primera persona: pensamiento directo vs indirecto

¿Y qué ocurre con los pensamientos cuando narramos en primera persona, desde el «yo» del personaje? En realidad, es algo parecido, aunque hay un importante matiz: como el narrador en primera persona es una voz que viene desde dentro del personaje -casi podríamos decir desde su cerebro- se supone que todo lo que el personaje narra son pensamientos.

Por lo tanto:

  • No hace falta usar comillas (ya que todo es pensamiento).
  • Sigue habiendo distinciones entre pensamiento directo e indirecto.
  • La forma de pensamiento directo se puede ahorrar el verbo «pensar».

Con un par de ejemplos lo vamos a ver más claro. Vamos a coger primero, de nuevo, a Mónica, que -recordemos- está pensando: «Esto no pinta bien para mi equipo».

PASADO

Pensamiento DIRECTO (en primera persona): (…) y mientras mi hermano Ross iba haciéndonos una pregunta tras otra no podía evitar pensar: la cosa no va bien para mi equipo

Pensamiento INDIRECTO (en primera persona): (…) y mientras mi hermano Ross iba haciéndonos una pregunta tras otra no podía evitar pensar que la cosa no iba bien para mi equipo

Cómo escribir el pensamiento de los personajes

PRESENTE

Pensamiento DIRECTO (en primera persona): (…) y mientras mi hermano Ross va haciéndonos una pregunta tras otra no puedo evitar pensar: la cosa no va bien para mi equipo

Pensamiento INDIRECTO (en primera persona): (…) y mientras mi hermano Ross va haciéndonos una pregunta tras otra no puedo evitar pensar que la cosa no va bien para mi equipo

 

SIN EL VERBO «PENSAR»

A esto hacía referencia al inicio del artículo: hay escritores que, al escribir en primera persona, transcriben los pensamientos tal y como lo harían en tercera, como los he puesto en los ejemplos de arriba. Pero la primera persona es muchísimo más versátil, ya que, como decíamos, todo lo que leemos de un narrador en primera persona son, en realidad, sus pensamientos. ¿Por qué decir, entonces, «pensé tal cosa»? No es necesario.

Los pensamientos, en primera persona, pueden insertarse directamente en la narración. Tal cual. Sin comillas, sin verbos de presentación. Y la narración va a resultar más fresca, y, sobre todo, más natural.

Ejemplos de Mónica:

PASADO

(…) y mientras mi hermano Ross iba haciéndonos una pregunta tras otra me iba poniendo cada vez más nerviosa: la cosa no va bien para mi equipo

(…) Ross iba haciéndonos una pregunta tras otra. La cosa no iba bien para mi equipo. Nada bien. Era un desastre, de hecho. ¡Madre mía, YO era un desastre! Estaba claro: tenía que abandonar el equipo.

¿Me explico? No hace falta utilizar el verbo «pensé», ni «deduje», ni ninguno de esos. Los pensamientos pueden ir directamente incluidos en la narración, e intercalados con acciones y con diálogo (en azul, y pensamientos en negrita). Un último ejemplo:

Ross iba haciéndonos una pregunta tras otra. La cosa no iba bien para mi equipo. Nada bien. No podía parar de morderme las uñas y Rachel me miraba angustiada.

–Última pregunta–, anunció Ross–. ¿A qué se dedica Chandler Bing?

Rachel y yo nos miramos. No lo sabíamos.

–¡Banquero!–probó Rachel. A mí no se me ocurría nada.

Esto era un desastre, de hecho. ¡Madre mía, YO era un desastre! Estaba claro: tenía que abandonar el equipo. Me levanté, decidida.

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