Empezaré con una declaración quizá algo polémica: el talento existe. Sí, es cierto, hay personas que tienen talento natural para escribir, si por talento entendemos una especial facilidad o aptitud para realizar una tarea de forma exitosa. También hay personas que tienen más facilidad que otras para cocinar, para combinar colores, para explicar lecciones, para cuidar animales o plantas, para jugar al ajedrez, o para arreglar aparatos electrónicos y entender los ordenadores.

Pero el hecho de que alguien tenga talento más facilidad para cocinar, por ejemplo, no significa que otra persona no pueda aprender: simplemente necesitará algo más de tiempo. Y, si la persona que tiene esa facilidad no practica a menudo, si no se esfuerza por mejorar, seguramente se quedará estancada y tal vez no llegue a producir nunca nada.

Resumiendo: si a mí me dieran a elegir, como las pastillitas de Matrix, una azul para el talento y otra roja para la constancia, elegiría la constancia, sin lugar a dudas. Porque es la única que garantiza la consecución de la tarea y la mejora en las aptitudes.

Y sí, es una afirmación rotunda: si hay que elegir, mejor tener constancia que talento. Es algo que sé porque lo he presenciado en mis talleres con estos ojitos, durante más de 15 años. El escritor se hace.

Sólo he encontrado tres tipos de personas que no podrían ser escritores:

  • Personas que no leen y/o no escriben nunca o casi nunca: o sea, personas con constancia y ganas de mejorar igual a cero
  • Personas que no acepta las críticas ni los consejos: si creen estar en la cima de la montaña, ¿cómo van a seguir subiendo?
  • Personas con graves problemas de aprendizaje: me refiero a personas que no podrían siquiera aprender a sumar y restar.

Si no estás en ninguno de esos tres casos (y estoy segura de que no, o no estarías leyendo este blog) ten por seguro que tienes lo que hace falta para ser escritor. Sólo hay que ponerse a ello.

¿Dudas, opiniones? Me encantaría que me los dejaras un comentario :-) Este es un debate muy interesante.