Estos últimos días he vivido la que probablemente ha sido la semana más ocupada de mi vida. De repente, me han coincidido en estos siete días dos talleres presenciales, cuatro por internet, tres escritores a los que hago coaching, un taller gratuito en Sevilla, la salida de la revista Buk Magazín, que dirijo, y, además, fui invitada a participar en una charla sobre crítica literaria,organizada, dicho sea de paso, por la editorial Triskel, que reeditará mi novela en Mayo.

Un torbellino de actividad (al menos para mí). :-)

Todo esto me ha hecho pensar en cómo, hace dos años (cuando, por la crisis, tenía mucho más tiempo libre) decidí ponerme manos a la obra y cambiar el rumbo de mi vida. Quería compartir con vosotros un poco de mi experiencia: realmente se puede cambiar el destino. Lo he vivido. Y no hay más que una única regla:

[bctt tweet=»Para cambiar tu destino: haz algo que no hayas hecho antes y empieza ya»]

Es así de simple. Como dice Einstein, «si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo«. Piensa en qué hábitos de tu vida (laboral, personal, literaria) podrías cambiar y prueba. Sólo uno, de momento.

No  tiene que ser un cambio radical. La vida te puede dar un vuelco solo por un pequeño cambio. Aunque parezca poca cosa, según avanzas en el tiempo, el camino que estarás siguiendo será radicalmente diferente. Será algo parecido a esto:

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¿Ves? Al principio casi no se notará, pero, con el tiempo, has desviado tu vida (literaria, personal o laboral), del camino inicial y vas rumbo a otro destino. Bingo.

El cambio puede ser tan pequeño como:

  • Levantarte una hora antes
  • Hacer yoga
  • Escribir 50 palabras al día
  • Leer un libro al mes
  • Ir al gimnasio una vez por semana
  • Empezar a enseñar tus textos a otras personas
  • Cambiar tu vestuario
  • Hacerte un blog y escribir un artículo a la semana
  • Llamar a personas a las que habitualmente no llamas
  • Fumar 3 cigarrillos menos al día
  • Probar un reto (laboral, literario o personal) que nunca hayas hecho.
  • etc…

De hecho, hay incluso toda una filosofía sobre cómo los pequeños cambios pueden transformar tu vida. El kaizen. Puedes leer más sobre ello en este libro.

Y un consejo, que a mí me ha venido muy bien: no dejes que pase mucho tiempo entre la idea y la acción.

Darle vueltas y reflexionar una y otra vez antes de hacer algo nuevo puede llegar a sobre-dimensionar ese reto en nuestra cabeza y darle más importancia de la que realmente tiene. Además, para aprender si es un buen cambio, el que tú necesitas, tendrás que probarlo. Luego siempre puedes rediseñarlo para que se ajuste a lo que tú precisas.

Ojo, no se trata de hacer locuras, claro, sino de no dejarnos vencer por el pánico a salir de lo conocido, de nuestra zona de confort.

Si te asusta estar haciendo una locura y te quieres quedar tranquilo… Usa este «test de riesgo». Responde a esta pregunta: ¿qué pierdo si pruebo a hacer esto y me sale mal?

Si la respuesta es «20 horas de trabajo», «50 euros»,  «puedo quedar mal con una persona a la que casi no conozco…» Es decir, si lo que perderías es algo que no tiene repercusiones importantes en tu vida, entonces, no lo dudes: salta. Y salta ya. Luego podrás ir re-corrigiendo el rumbo, no te preocupes. Es el método científico de «ensayo y error» y en la vida no hay otro.

En cambio, si la respuesta a «¿Qué pierdo si pruebo esto y me sale mal?» es algo como  «mi casa, ya que la tengo que hipotecar para lanzar este negocio», «20.000€», «mi salud», «puedo perder mi familia»,… entonces, piénsatelo muy bien antes de arrancar. Consulta incluso a asesores profesionales. Y si no lo ves claro, prueba a comenzar por algo más sencillo.

Soñar en grande es una buena costumbre, pero también lo es empezar paso a paso.

¿Te animas a probar? ¿Qué pequeño cambio se te ocurre que podría tener repercusiones a largo plazo en tu vida?