Escribir es una tarea solitaria: las cosas como son.

Y eso tiene su lado bueno, por supuesto (tienes control total sobre lo que escribes, eliges tus horarios, tus rutinas). Pero cuando formas parte de un grupo de personas afines, personas con una pasión común, las ventajas son muchas.

No podemos olvidar que el ser humano es un animal social: las tribus son la forma en la que nos relacionamos, en la que compartimos información, ideas y es la forma más natural en la que desarrollamos nuestras aptitudes y aprendemos. No es extraño que muchos escritores en la historia hayan pertenecido a tertulias, asociaciones, grupos o clubes literarios: el Círculo de Bloomsbury incluía a Virginia Woolf, Bertrand Russell o E. M. Forster. La escritora Gertrude Stein dirigió un Salón Literario en su propia casa que reunía a escritores como Hemingway o Ford Maddox Ford.

Vanessa Bell, Clive Bell, Virginia Woolf, John Maynard Keynes y Lydia Lopokova en una reunión del Círculo de Bloomsbury.

Vanessa Bell, Clive Bell, Virginia Woolf, John Maynard Keynes y Lydia Lopokova en una reunión del Círculo de Bloomsbury. Imagen: Wikipedia.

Yo siempre animo a todas las personas que escriben a buscar su lugar en una tribu, ya sea una asociación, un grupo de amigos que escriben o, por supuesto, un taller literario. De hecho, John Gardner (profesor de escritura creativa de Raymond Carver) dice en su libro «Para ser novelista»: «Cualquier taller tiene la virtud de congregar a escritores principiantes.La posibilidad de intercambiar puntos de vista con ellos y de conocer lo que escriben acelera su proceso de aprendizaje«.

Dejemos a un lado, pues, el mito del escritor atormentado y solitario: hay muchas ventajas por las que es bueno pertenecer a una tribu, y pasar tiempo en compañía de otras personas que escriben. Te sugiero algunas:

  • Confianza: El escritor que empieza, si no tiene a su alrededor personas que escriban, es muy probable que se sienta como un bicho raro. Y eso puede desinflar la ilusión de cualquiera. En cambio, estar entre iguales, entre personas que comparten la misma pasión por la escritura, te da confianza. Puedes gritar a los cuatro vientos: ¡No estoy loco, a ellos también les gusta escribir!  Básicamente, te anima y te reafirma en tu propósito de dedicarte a escribir.
  • Impulso a tu escritura: regreso al libro de John Gardner: «En un grupo compuesto solo por escritores casi no se habla de otra cosa más que de escribir. Hablar de literatura produce excitación: te olvidas de que aún no te consideras bueno (con razón o sin ella) y te entran ganas de llegar a casa para empezar a escribir. Y es el mero acto de escribir, más que ninguna otra cosa, lo que hace al escritor«
  • Feedback: contar con las opiniones de otras personas que escriben es un lujo. Incluso aunque no se trate de una opinión profesional de un profesor de escritura creativa, esas opiniones van a ser muy importantes a la hora de avanzar en tu técnica, ya que podrás aprender a detectar fallos evidentes o qué momentos son los que más emocionan al lector.
  • Apoyo mutuo: Estando en contacto frecuente con personas que escriben pueden aparecer oportunidades, contactos interesantes, o puede haber ocasión para compartir experiencias y aprender de lo que otros han hecho antes. Te pueden aconsejar sobre a qué premios presentarte, qué editoriales te van a tratar bien (y cuáles te van a ignorar). Lo dicho: el ser humano aprende más rápidamente en grupo.
  • Sinergias: además, con el contacto con otras personas que escriben pueden surgir interesantes sinergias. ¿Qué tal una novela a cuatro manos? ¿O un libro de relatos sobre un tema concreto en el que cada uno aporte su propio cuento? ¿Y si decidís publicar entre todos una revista? Así surgió, de los talleres portaldelescritor y la revista En sentido figurado.
  • Diversión y reto: en contraposición al escritor «lobo solitario», cuando frecuentas un grupo de personas que escriben, escribir es divertido. Además, comprobar cómo otr@s compañer@s van avanzando te empuja a hacerlo tú también.

Ya veis, todo ventajas, puesto que, en cualquier caso, siempre puedes llegar a tu casa y retomar el modo «lobo solitario», encerrándote y creando en soledad. Así que ya sabes: olfatea a tu alrededor, visita territorios aledaños y descubre dónde se oculta tu tribu.

¿Tienes ya tu tribu? ¿Has descubierto ya los placeres de estar en compañía de otras personas que escriben? Me encantaría que me lo contaras en los comentarios.