Continúo aquí con la segunda parte del artículo que inicié hace dos semanas: al ser demasiado largo más de 10 folios), decidí dividirlo en dos para que fuera más ameno y ágil de leer. Aquí tenéis la primera parte, en la que me centraba en los dos primeros rasgos de la escritura de George R. R. Martin que deberías evitar.

En este artículo de hoy -considerablemente más breve- desarrollo el tercer rasgo de la escritura de Martin que debemos evitar al escribir y dejo además una pequeña lista de 5 rasgos de su escritura que a todos/as nos conviene imitar. ¡Vamos allá!

3 rasgos de2

3/ Todas las subtramas (y sucesos) deben tener una razón de ser

Este es otro de los problemas que muchos de los lectores de Martin se encuentran a la hora de disfrutar los libros: empatizan con un personaje, siguen con interés sus aventuras y desventuras, durante capítulos y capítulos y, finalmente, el personaje desaparece… SIN QUE NINGUNA DE SUS PERIPECIAS AFECTE EN LO MÁS MÍNIMO A LAS TRAMAS PRINCIPALES.

Ojo: no es un problema que un personaje se muera. Hay muertes que eran totalmente necesarias y no sólo afectan a la trama, sino que la ponen en movimiento o la aceleran (caso de todos los Stark, por ejemplo). El problema es arrastrar al lector durante decenas o cientos de páginas por una trama que, finalmente, no aporta nada. Una trama que el lector se puede saltar perfectamente sin perder nada importante de las historias principales.

Por ejemplo (*SPOILER) es el caso de toda la historia de Quentyn Martell, hijo de Doran Martell, que viaja hasta Mereen solo para convertirse en una patata frita. Toda una línea argumental que hemos seguido con interés y expectación y que finalmente no sirve absolutamente para nada. Y reitero: no se trata de que un personaje muera -es realista que eso ocurra- sino de que muera sin haber alterado nada la trama.

El problema de tener tramas así (y en la saga hay más de una) es, por ejemplo, que si alguno de los lectores relee el libro, es más que probable que se salte toda esa parte. ¿Para qué leerla? No sólo ya sabe cómo acaba, sino que además todas esas peripecias caen en el vacío. Es como toda la parte de Tom Bombadil en el primer libro de «El señor de los Anillos»: metido de forma forzada y que, a la postre, no aporta nada. Obviamente, las adaptaciones cinematográfica no incluyó esa parte y, por supuesto, no cambió nada en la historia principal.

Probablemente, la inclusión de esas tramas en el caso de Martin tenga que ver con el hecho de que él tenía pensado escribir tres libros sobre esta historia y le sugirieron aumentarlo a siete, con lo que necesitaba, de repente, muchísimas más historias y alargar las que ya tenía. Pero sea por esta razón o no, a nosotros/as nos sirve para tener en cuenta que cada subtrama que aparezca en la historia debe ser relevante. Debe alterar, de alguna forma, los eventos de las tramas principales. Porque si no el lector se puede sentir decepcionado o incluso engañado. 

Y puede que el autor (o alguien que está leyendo este artículo) responda: «Hey, así es la vida, a veces las aventuras no llegan a ninguna parte«. 

¡Ah, pero es que la literatura no es vida! La literatura, como dice el dramaturgo Jose Luis Alonso de Santos, es sólo esencia de vida. 

Porque si la literatura imitara a la vida tal cual es… sería un aburrimiento. Interminables capítulos mostrando días y días en los que no sucede nada de nada y en los que no avanza ninguna trama. Historias que no llevan a ninguna parte. Repeticiones sin sentido. No mucha gente compraría un libro así. 

No, la literatura sólo imita a la vida, pero haciéndola, siempre, más interesante

De hecho, como decía antes, el mismo Martin no «mata» a sus personajes «porque sí» (como a veces sucede en la vida). Qué va. Normalmente suelen morir tras cometer un error garrafal: (*SPOILERS) Exceso de confianza (Rob Stark), meter las narices donde no le llaman (Ned Stark), romper normas ancestrales (Jon Snow), etc. O porque sus muertes son necesarias para que la trama avance. 

Una gran obra es como un puzzle en el que, al final, nada falta y nada sobra. En el que, cuando terminas y colocas la última, cada pequeña pieza resulta ser fundamental para que el cuadro quede completo, para que el héroe llegue hasta el final.

 

Otro posible problema de ritmo que deberíamos evitar

Relacionado también con esta cuestión del ritmo de las historias, muchos lectores han notado y se han quejado de que Martín tiene tendencia, en sus últimos libros, a concentrar los sucesos al inicio y al final de los capítulos. Esto también puede ser un rasgo que nosotros haríamos bien en evitar al escribir.

Yo misma, por ejemplo, me terminé «Danza de dragones» simplemente leyendo las dos o tres primeras páginas del inicio de cada capítulo y las dos o tres del final. Me salté todas las páginas de en medio de todos los capítulos. Y lo sorprendente es que no me perdí nada.

Y, como la historia es muy interesante, George R. R. Martin no me perdió como lectora. Pero, ¡ojo! tal vez a nosotros sí nos puede pasar: podemos perder lectores si acumulamos sucesos al inicio y al final de los capítulos.

Pero la razón más importante para hacerlo es esta: nuestros lectores disfrutarán muchísimo más nuestras historias si sabemos mantenerlas equilibradas y si conseguimos que cada escena sea importante.

¿Por qué hace esto Martin? Juega con las expectativas del lector

La razón por la que George R. R. Martin nos arrastra por tramas que no tienen finalidad ninguna o por la que concentra los sucesos al final de los capítulos es sencilla de entender (pero no de manejar, para un autor, así que tomad nota): está jugando con nuestras expectativas.

Nos hace creer que algo va a pasar… y luego nos da con la puerta en las narices. En este otro artículo explico lo importante que es para un escritor saber crear expectativas en el lector (y jugar con ellas).

*SPOILERS

Por eso nos deja un capítulo interesantísimo sobre Arya y luego no recupera al personaje hasta 200 páginas más adelante. Juega con nosotros.

En «Festín de Cuervos» Brienne de Tarth tiene 8 capitulos enteros (toda su historia) en los que no avanza en nada su misión y solo conoce a personajes intrascendentes que o mueren o no vuelven a aparecer.

Por eso nos arrastra con el hijo de Doran Martell por todo Mereen en una trama que no aporta nada hasta que un dragón lo fríe a la barbacoa. ¿Ah, pensabas que iba a ser importante? ¡Pues no! Quiere jugar con nosotros.

De hecho, algunos lectores comentan que cada libro de la saga suele tener una “filler story”) o sea, una historia de relleno, que no aporta nada esencial ni influye en los acontecimientos de la trama principal.

(fin de SPOILER)

Eso es lo bueno y lo malo de Martin: es muy consciente de que está escribiendo para un lector y de las expectativas que va creando en él/ella (y eso es muy bueno); sin embargo, a veces parece más interesado en jugar al gato y al ratón con el lector que en crear una gran obra (y eso no es tan bueno).

Porque, como decíamos antes, en una gran obra nada falta ni nada sobra. Y pillar al lector por sorpresa no es excusa para romper esa regla de oro. 

¡Ah, pero atención! Ese rasgo suyo  también tiene su parte buena (siempre en un punto medio, por supuesto) y por eso comienzo con ella la última parte de este artículo:

5 rasgos de George R. R. Martin que deberías imitar:

Brevemente (ya nos hemos extendido muchísimo en este artículo) os dejo una pequeña lista de algunas de las cosas buenas de este autor que conviene estudiar e imitar en nuestra escritura. La primera ya la mencionábamos antes:

1.Es muy consciente de que tiene un lector y de cómo manejarle. 

Ya lo comentaba antes: una de las tareas más importantes del escritor/a (y que George R. R. Martin conoce a la perfección) es ser consciente de que el lector está al otro lado de nuestras palabras. De que cada vez que sucede algo en nuestra historia el lector se crea expectativas sobre lo que va a suceder («¡Lo va a conseguir!» «¿Le van a engañar?») y, teniendo eso en cuenta, ser capaces de utilizarlo para crear más tensión dramática en nuestra novela.

Todo eso lo explico con más calma en mi artículo: la tarea más importante del oficio de escribir.

2. Mezcla géneros: es original e innovador

Una de las razones del gran éxito de Martin es que ha sabido atrapar al público en una historia que tiene muchas vertientes y que mezcla diferentes géneros con mucho tino. Es fantasía medieval, pero al mismo tiempo aparecen zombies (que tan de moda están en estos tiempos) y, por otro lado, las tramas más relevantes son tramas políticas. Ha conseguido con esa técnica atrapar a lectores, como yo, que no somos clásicos lectores de género fantástico.

Buscar nuestro propio camino siempre es importante para desarrollarnos como escritores y en ese sentido podemos aprender mucho de este autor.

3. Sabe guardar secretos:

Esto lo tiene claro todo lector de Martin. ¿Quién no ha oído hablar sobre las diferentes teorías del origen de Jon Snow, y Tirion (o más recientemente el origen de Hodor)? Y aquí seguimos, cinco libros (y seis temporadas después) y por fin empiezan a revelarse algunos de esos secretos.

¿Cómo lo consigue? No más manera que planificando sus historias de principio a fin.

Son muchos los autores que mitifican la espontaneidad a la hora de ir avanzando en la escritura de capítulos, pero si lo haces así, improvisando, de ninguna manera puedes dejar previsto el descubrimiento de un secreto como los de Juego de Tronos. Lo comento en profundidad en mi artículo sobre planificación. 

4. Sabe usar los diferentes puntos de vista.

Todos lo sabéis: las novelas están contadas desde los diferentes puntos de vista de varios personajes, que, además, suelen cambiar (al menos muchos, si no todos) de un libro a otro. Esta forma de contar las historias es innovadora en el género fantástico. Aunque en la literatura general hace mucho que se usa: sirva como ejemplo la gran obra maestra «El cuarteto de Alejandría», escrita por Lawrence Durrell en 1957, o en nuestro país, la novela «Mensaka» de Jose Ángel Mañas.

Hoy en día, escribir con un punto de vista de narrador omnisciente (narrador dios, que todo lo conoce) es un recurso muy superado: al lector del siglo XXI le gusta adivinar, ser partícipe de las historias. Y ese narrador le mastica las historias a los lectores, dejando poco o nada de lugar a la participación.

La realidad, sin embargo, se parece más al punto de vista de un único personaje: yo no puedo saber, y jamás sabré, lo que está pensando otra persona. Lo que teme, lo que sueña, lo que planea. Sólo puedo intentar averiguarlo, imaginarlo o preguntarle -y fiarme o no de lo que me dice. El punto de vista de un único personaje, por tanto, se parece más a la realidad y es siempre más interesante. Esa cualidad la ha aprovechado muy bien Martin.

En mis talleres, este es un tema que trabajamos mucho y no es raro que los escritores que han pasado por uno de ellos se animen a escribir una novela a dos (o incluso a tres) voces.

 

5. Los personajes son una escala de grises, no suele haber buenos-buenos y malos-malos.

Esto es algo esencial para que los personajes sean realistas y, sin embargo, aún hoy muchos escritores suelen caer en el estereotipo del personaje bueno-buenísimo -que no sólo es un dechado de virtudes, sino que además no se equivoca nunca- y el malo malísimo, que no tiene un resquicio de duda o bondad, ningún recoveco y, por tanto, acaba convirtiéndose en una caricatura. 

En varios de mis artículos trato cómo hacer los personajes más complejos y realistas, algo que George R. R. Martin ha conseguido con creces.

Las motivaciones de nuestros personajes: el motor de la historia

5 tips para completar tus personajes

El truco infalible para crear un personaje secundario inolvidable

 

Bien, y aquí terminamos con este análisis de los rasgos del autor de la saga de Juego de Tronos. Espero que os haya gustado y os haya servido. Ya me daréis vuestra opinión en los comentarios ;-)