Si tienes un planteamiento original y una narración de calidad, vas a enganchar al lector a tu cuento o novela. Pero un trabajo bien hecho es un trabajo bien terminado: los finales son tan importantes como los comienzos. No importa cuán maravilloso sea tu inicio; si el desenlace no está a la altura el texto dejará un regusto amargo.

Por razones obvias, no voy a dar muchos ejemplos de estos «malos finales» (no quiero destripar a nadie alguna película o novela). Pero si alguna de vuestras historias concluye de esta forma, no estaría de más repensarla.

 Y ahora sí, sin más dilación:

LOS PEORES FINALES PARA TU HISTORIA

«TODO ERA UN SUEÑO»

Jamás se debe escoger como final de la historia, “y entonces se despertó”.

Si queréis comprobar el porqué, acercaros a un amigo y probad a decirle «voy a contarte algo que nunca me pasó». Seguramente, te responderá «Y si nunca te pasó, ¿para qué me lo cuentas?» Los seres humanos tenemos una curiosidad natural por conocer detalles de la vida de otras personas, introducirnos en historias y emociones que conocemos, aunque no las hayamos vivido. Pero sólo si esas historias son reales, o si parecen reales.

Los peores finales para tu historia

Hay un pacto tácito entre lector y escritor: el escritor escribe algo que no es cierto, pero se compromete a contarlo como si fuera verdad. El lector sabe que esa historia no es cierta, pero se compromete a leerla, a preocuparse por sus personajes, como si lo fuera. Si algo rompe ese pacto (por ejemplo, el hecho de que el narrador nos diga claramente que todo era falso, un sueño), la magia de la literatura también se rompe.

Al decir que “todo ha sido un sueño” el lector se siente decepcionado. Él / ella ya sabe que lo que le contáis no es real, así que ¿porqué no seguir adelante con la historia y contarnos lo que les ocurre a los personajes?

Generalmente, el desenlace-sueño suele ser producto de: a) cansancio y deseos de terminar el cuento en seguida, como sea. b) Un conflicto y un nudo complejos, que no se sabe cómo resolver. Por supuesto, ninguna de estas dos causas deben ser excusa para terminal mal un relato o novela. Si se está cansado, se puede escribir el final otro día. Si no se sabe cómo salir de un conflicto, pues habrá que darle más vueltas, o probar diferentes finales, o cambiar parte de lo que ya se tiene escrito.

La única salvedad para escribir sobre sueños es cuando la historias (como algunos de Borges) está haciendo una reflexión sobre la naturaleza de los sueños y su relación con la realidad. En todos los demás relatos, este desenlace, en principio, debería estar prohibido.

«Y ENTONCES TODOS MURIERON» (O ÉL/LA PROTAGONISTA)

 Obviamente, hay historias que piden a gritos que el personaje protagonista, o incluso varios, mueran en el desenlace: muchas obras de Shakespeare se me vienen a la mente. ¿Qué sería de Romeo y Julieta sin su trágico final?

Los peores finales para tu historia

Pero también -no nos engañemos- una de las salidas que buscamos cuando no sabemos cómo terminar un relato o novela es matar al protagonista, o matar a algún/os personajes… incluso a todos. Pensamos que de esa forma la historia concluye (qué remedio, ¡si no nos quedan personajes con los que seguir!) y, además, es emocionante, ¿no?

Los peores finales para tu historiaPues no. Buscar la lágrima fácil del lector puede verse exactamente como eso: un truco para conseguir que el lector se emocione.

-¿De qué se ha muerto el personaje?

-Del tercer acto.

Creedme, nadie se emociona cuando un personaje se muere porque ha llegado el final y alguien tenía que morir. Nos emocionamos como lectores cuando esa muerte significa algo, para el propio personaje o para la historia -porque la altera en cierta medida.

¿Se puede matar a un personaje al final de la historia? Por supuesto. Pero por las razones correctas.

Porque nos sirve para que la historia termine como teníamos pensado o transmita el mensaje que queríamos (Romeo y Julieta, «Thus with a kiss I die»).

  • Porque sirve para completar el destino del personaje o su misión (Ruth en Tomates verdes fritos)
  • Porque motiva a algún otro personaje a hacer algo (la muerte de Beth en Mujercitas)
  • Porque da un giro a la historia (cualquiera de las muertes de personajes importantes de la saga de George R. R. Martin Canción de hielo y fuego/ Juego de tronos).

DEUS EX MACHINA

«Deus ex machina» es una expresión latina, que significa «Dios desde la máquina» y hace referencia a cuando en las obras de teatro de la antigua Grecia y Roma se empleaba una grúa (u otra máquina) para que de repente entrase desde las alturas un actor interpretando a un «dios» mitológico y salvase al protagonista.

Los peores finales para tu historia

Llámalo deus ex machina, llámalo suerte o «el elegido»… Terminar una historia introduciendo elementos (o casualidades) que, de repente, salvan a los protagonistas o les arreglan la vida es una de las peores formas de arruinar nuestro desenlace. Su artificialidad huele a leguas y deja clara, sobre todo, una cosa: el autor/a no tenía ganas, o talento,  para concluir su historia coherentemente.

Un buen escritor/a no utiliza trucos: utiliza técnicas. No usemos Deus ex machina ni «la suerte» en nuestras historias.

Digámoslo de una vez por todas: al personaje no hay que quitarle problemas de en medio. Al personaje hay que darle un problema tras otro, para que le veamos superarlos y para que crezca con ellos (o se pegue el tortazo). Eso es lo que hace que el lector siga pasando páginas.

«Y VA Y LE ATROPELLA UN AUTOBÚS»… PORQUE LA VIDA ES ASÍ

Intentar sorprender al lector siempre es loable, pero hay que recordar que el desenlace debe estar íntimamente relacionado con el conflicto principal.

Ejemplo: si nuestra historia trata sobre cómo un joven supera un desamor, que le toque la lotería en la última página del libro poco tiene que ver con lo que el personaje tiene que resolver.

O imaginaos que «Drácula» terminara con Mina atropellada por un autobús. Sí, es una sorpresa (sobre todo porque en su siglo no existían), pero, ¿y qué? La preocupación que ha llevado a que tu lector haya pasado página tras página no era esa, era saber si conseguían detener a Drácula y salvar a Mina… de sus garras, no de los posibles vehículos a motor que pasasen por allí. Y se debe resolver.

Los peores finales para tu historia

Hay autores que justifican estos finales perezosos diciendo «que la vida es así» y que a veces pasan estas cosas.

Cierto, respondo yo siempre: pero la literatura no es vida, es imitación de vida. Vida mejorada, si queremos decirlo así, con un rumbo.

Si las novelas fueran como la vida nadie las compraría: 50 páginas en las que no ocurre casi nada, luego algo totalmente azaroso como que te rompes un brazo, luego un giro sin sentido que te hace cambiar de lugar de residencia, luego pasa todo a la vez… Pero los lectores continúan leyendo porque tienen la sensación de que la historia tiene una dirección. Y en la vida -para mal o para bien- pocas veces es tan clara.

«LO HIZO UN MAGO»: cuando puntos importantes quedan sin explicar.

A este lo podemos llamar «desenlace Lost» :D (y espero que no me salte un purista porque podemos debatir durante días… Es el peor final de serie de la historia).

Cerrar la trama es cerrar la trama, y no podemos dejar al lector con dudas sobre lo que ha pasado o por qué, preguntándose quién mató a uno de los personajes (me pasó con «El halcón maltés»)  o por qué uno de los personajes tenía manía al protagonista, o de dónde sacó el dinero para irse de viaje, o por qué había un oso polar en una isla del trópico… Y no, no vale que el autor luego explique en una entrevista el por qué (como hicieron en Lost). Un buen final debería explicarlo todo en la propia historia.

Si la nuestra es una historia que sigue la lógica de trama y personajes (quedan excluidas aquí algunas historias de fantasía, o surrealistas o experimentales)  el lector debería terminar la lectura con todas sus posibles dudas respondidas en el texto.

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«ES QUE TENÍA UN PASTEL EN EL HORNO» (EL FINAL APRESURADO)

Este es, sin duda, el desenlace fallido que me he encontrado más a menudo en mis talleres de relato. ¿A quién no le ha pasado? Llevas ya muchos días escribiendo el mismo relato, o muchos meses escribiendo la misma novela, y según te vas acercando al final lo que tienes son unas ganas locas de terminar YA. Como sea. Pero que se acabe esto, por favor.

Y entonces las descripciones, que tan detalladas eran en las primeras páginas o capítulos, empiezan a escasear. Los diálogos van al grano. Fuera sutilezas. Y en la última página, o el último capítulo, hay más giros que en una temporada completa de Falcon Crest (los de la Generación X me entenderéis, ;-) ).

Los peores finales para tu historia

No os engañéis: la prisa por acabar se nota. Y mucho. Al final hay que dedicarle tanto tiempo como al comienzo: es igual de importante para disfrutar la historia y fundamental para el «sabor de boca» que nos deja al cerrar el libro -o apagar el Kindle.

EL FINAL QUE TODOS ESPERAN

Lo bueno que tiene este final: cierra la trama y es coherente. Nadie va a decirte lo contrario.

Eso sí, puede quedar «meh» -lo que toda la vida se ha venido llamando soso.

Sí, también había un gif de los Simpsons haciendo

Sí, también había un gif de los Simpsons haciendo «meh»

Ponte en situación: si durante todo el libro -o todo el cuento- parece que el protagonista va a ganar una competición, y sigue pareciendo lo mismo mientras la trama avanza y al final… gana la competición, pues, ¿dónde está la emoción? Cerramos el libro sintiendo meh. Ni fú ni fá.

La técnica para evitarla nos la explica William Golding, el autor (y guionista) de «La princesa prometida»: «Dale al lector lo que quiere, pero de forma que no se lo espere» 

¿Y cómo se come eso, cómo se consigue un desenlace así?

Pues usando la técnica del portal abierto/cerrado, un recurso que se estudia en estructura de relatos o novelas. Lo explico con detalle en mi post: Todo sobre el desenlace de tu historia. 

Y este era el último de los peores desenlaces para tu historia :-)


Importante: Tal como comentaba también en mi post «Cómo no empezar tu relato o novela», lo esencial es que el desenlace que elijas sea el mejor desenlace posible para tu historia.

Cualquiera de estos que he detallado aquí podría funcionar, en realidad, si estuviera JUSTIFICADO por tu historia o por lo que pretendes transmitir con ella. Pero son los peores desenlaces del mundo cuando -como sucede muy a menudo- has elegido este final porque no se te ha ocurrido nada mejor.

Si ese es el caso, dale unas cuantas vueltas a la historia. Regálate un poco de tiempo, lee, busca salidas.

Seguro que encuentras el desenlace perfecto para tu historia.

Hay dos cosas en las que siempre puedes confiar en esta vida: una, que tienes todas las herramientas, y la capacidad, para solucionar un  problema (sí, los tienes) y dos… que siempre encontrarás un gif de los Simpsons perfecto para cualquier situación ;-)

¿Y tú, has usado alguno de estos finales desafortunados? ¿Conoces ejemplos de estos finales, u otros que te parezcan fallidos? Me encantará leerlos en mis comentarios.


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Los peores finales para tu historia

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